domingo, 11 de febrero de 2007

ESTER REFLEXIONA EN MADRID: El acecho



En algún momento dije: Del amor hablaré más adelante, pero bien... Visto y considerando que en estas fechas, tan próximas al catorce de febrero, es casi imposible aventarse a algún otro tipo de reflexión, debido al bombardeo de imágenes pulposas de romanticismo que acechan las vidrieras, invaden los anuncios de televisión, los artículos en los periódicos y nuestros pensamientos y deseos más profundos, es que he decidido darle un lugar en las palabras a este sentimiento abrumador.

Cuando el número de referencia personal es el uno: un ticket de cine, un vaso en la mesa, un cepillo de dientes en el vasito que se posa sobre el lavabo, frente a la toalla (una) que cuelga del ganchito plástico (uno) tras la puerta; cuando el pasaje para irnos de viaje es uno y no hay disputas acerca de quién es merecedor de la ventanilla, o es uno el lado de la cama que despierta tibio por la mañana y una la tasa de café después del desayuno; y en estos días donde el sentido del amor pareciera cobrar su mayor impulso, se nos presenta al acecho en el ángulo de la mirada el fantasma rojo, regordete, terminado en punta, y en ocasiones atravesado por una filosa flecha que se pincha en un costado y emerge del otro.
En el centro: nuestro nombre recto y reluciente en letra imprenta: ESTER.



El amor el amor el amor el amor en cada rincón como destello el amor el amor plan flash el amor luz por aquí por allí el amor a la izquierda a la derecha bajamos un escalón miramos el semáforo plan zas el amor un kilo de pan gracias abrir cerrar salir el amor cuidado el perro paso a la derecha retomar el camino el ciclista toca la bocina pum pum el amor dos pechugas por favor un kilo de zanahorias de amor la puerta la vieja su carrito caminar el amor la vereda la basura el amor uy cuidado con el charco




Tacho gris
Los dedos flojos
Desvisten una a una las bolsas de nylon
papel arrugado y piel de naranja.

El discado
Seis
Cuatro
Dos
….
Suena

Como parche de tambor
Seco en el estomago
El llamado urgente como arena en la boca.

Un anuncio desesperado
Que pende como un botón
Propenso a la caída.

trozado
rojo
perita
redondo
verde
maduro
frito

formas y cualidades del romance.


Manifestaciones ciudadanas
Rayos en las pupilas
Cinco letras simples.

ESTER

jueves, 8 de febrero de 2007

Escatología del amor. PENSAMIENTOS DE ESTER EN VÍSPERAS DE SAN VALENTIN.

TITIA ES LA MAS LINDA

En la pared de un baño público
el amor chorrea
cuando alguien tira la cadena
o
deja caer junto con el agua
toda esperanza de encontrar a alguien
/en el lavabo o el mijitorio vecino/
Y sacando un rollito de papel
seca una por una sus lagrimas
y las tira al tacho.

LA VIE EN ROSE

Estoy en Paris

Se preguntaran ustedes como es que estoy en Paris, así sin previo aviso.
¿Cómo es que Ester está en Paris?
Supongo entonces, que debería preguntarles yo ahora: ¿Conocen las ollas Essen?
Essen and Company premia todos los años a su empleada que con méritos supera los límites de ventas por catalogo.

He aquí Ester, vendedora de ollas y futura empleada en una vieja tienda de camisas para hombre.
El gran premio. Un viaje a Paris para dos personas.

Vine sola, porque estos viajes para dos suponen la idea de un segundo y dan por hecha la existencia del amor.
Tema del que les hablaré más adelante.

Nunca más volví. Como podrán imaginar ha sido fuerte el impacto, y me ha llevado años la adaptación a un paisaje que lejos está de las ovejas y el suelo agrio y despoblado.

He aprendido el idioma a fuerza de golpes, de ilusión desesperada y pánico al regreso.

Mientras que en aquellos días, que no distan mucho de hoy, recorría la ciudad sin cámara de fotos, un viejo abrigo de mi abuela italiana, y un par de zapatos carcomidos en la punta por el suelo, vi mi reflejo en una vidriera de una vieja tienda de la calle Rue de la Perle, calle de la Perla. Entré. Una tienda de camisas, las había de todos los colores, ubicadas casi geométricamente en una vieja estantería de roble poblada de diminutos cajones con el talle inscripto en la manija, 42; 46; 48, e inmediatamente delante, entre la caja registradora, que debe ser de las primeras, y Madame Brunoise un cartel. Se busca aprendiz.

Una aprendiz en el rubro pasa casi un año en la parte trasera de la tienda, doblando camisas, prendiendo botones, acariciando los paños que confeccionan la prenda para reconocer su tejido, diferenciando cortes, modelos de cuellos y entrenando el ojo para que a simple vista se reconozca la talla del cliente, el largo del tronco y su proporcional medida para las mangas.

Madame Brunoise decidió emplearme, arrebatada por un intenso sentimiento de nostalgia: ella tenía una hermana que había partido hace ya muchísimos años hacia Argentina acompañando a su marido, un hombre reconocido en el ámbito hotelero. Mi familia le debe mucho a tu país dijo en un francés para ese entonces incomprensible.

Así fue como aprendí todo lo que hoy se de camisas, el idioma y escuche por primera vez a Edith Piaf.