En algún momento dije: Del amor hablaré más adelante, pero bien... Visto y considerando que en estas fechas, tan próximas al catorce de febrero, es casi imposible aventarse a algún otro tipo de reflexión, debido al bombardeo de imágenes pulposas de romanticismo que acechan las vidrieras, invaden los anuncios de televisión, los artículos en los periódicos y nuestros pensamientos y deseos más profundos, es que he decidido darle un lugar en las palabras a este sentimiento abrumador.
Cuando el número de referencia personal es el uno: un ticket de cine, un vaso en la mesa, un cepillo de dientes en el vasito que se posa sobre el lavabo, frente a la toalla (una) que cuelga del ganchito plástico (uno) tras la puerta; cuando el pasaje para irnos de viaje es uno y no hay disputas acerca de quién es merecedor de la ventanilla, o es uno el lado de la cama que despierta tibio por la mañana y una la tasa de café después del desayuno; y en estos días donde el sentido del amor pareciera cobrar su mayor impulso, se nos presenta al acecho en el ángulo de la mirada el fantasma rojo, regordete, terminado en punta, y en ocasiones atravesado por una filosa flecha que se pincha en un costado y emerge del otro.
En el centro: nuestro nombre recto y reluciente en letra imprenta: ESTER.
El amor el amor el amor el amor en cada rincón como destello el amor el amor plan flash el amor luz por aquí por allí el amor a la izquierda a la derecha bajamos un escalón miramos el semáforo plan zas el amor un kilo de pan gracias abrir cerrar salir el amor cuidado el perro paso a la derecha retomar el camino el ciclista toca la bocina pum pum el amor dos pechugas por favor un kilo de zanahorias de amor la puerta la vieja su carrito caminar el amor la vereda la basura el amor uy cuidado con el charco




