Estoy en Paris
Se preguntaran ustedes como es que estoy en Paris, así sin previo aviso.
¿Cómo es que Ester está en Paris?
Supongo entonces, que debería preguntarles yo ahora: ¿Conocen las ollas Essen?
Essen and Company premia todos los años a su empleada que con méritos supera los límites de ventas por catalogo.
He aquí Ester, vendedora de ollas y futura empleada en una vieja tienda de camisas para hombre.
El gran premio. Un viaje a Paris para dos personas.
Vine sola, porque estos viajes para dos suponen la idea de un segundo y dan por hecha la existencia del amor.
Tema del que les hablaré más adelante.
Nunca más volví. Como podrán imaginar ha sido fuerte el impacto, y me ha llevado años la adaptación a un paisaje que lejos está de las ovejas y el suelo agrio y despoblado.
He aprendido el idioma a fuerza de golpes, de ilusión desesperada y pánico al regreso.
Mientras que en aquellos días, que no distan mucho de hoy, recorría la ciudad sin cámara de fotos, un viejo abrigo de mi abuela italiana, y un par de zapatos carcomidos en la punta por el suelo, vi mi reflejo en una vidriera de una vieja tienda de la calle Rue de la Perle, calle de la Perla. Entré. Una tienda de camisas, las había de todos los colores, ubicadas casi geométricamente en una vieja estantería de roble poblada de diminutos cajones con el talle inscripto en la manija, 42; 46; 48, e inmediatamente delante, entre la caja registradora, que debe ser de las primeras, y Madame Brunoise un cartel. Se busca aprendiz.
Una aprendiz en el rubro pasa casi un año en la parte trasera de la tienda, doblando camisas, prendiendo botones, acariciando los paños que confeccionan la prenda para reconocer su tejido, diferenciando cortes, modelos de cuellos y entrenando el ojo para que a simple vista se reconozca la talla del cliente, el largo del tronco y su proporcional medida para las mangas.
Madame Brunoise decidió emplearme, arrebatada por un intenso sentimiento de nostalgia: ella tenía una hermana que había partido hace ya muchísimos años hacia Argentina acompañando a su marido, un hombre reconocido en el ámbito hotelero. Mi familia le debe mucho a tu país dijo en un francés para ese entonces incomprensible.
Así fue como aprendí todo lo que hoy se de camisas, el idioma y escuche por primera vez a Edith Piaf.
6 comentarios:
Que linda historia!!!
Llena de matices... me hiciste pensar y repensar, leer y releerte, tan simple y tan lleno de simbolismos.
Jugué a leer entre líneas, lo no dicho, lo sugerido, lo que quiere y no quiere ser contado.
Me encantó... que me visites y llegar hasta vos...
Hola Ester,
Paris es una ciudad preciosa. Es la cuna del arte moderno, allí nacieron movimientos tan vanguardistas como el surrealismo, impresionismo o fauvismo... También se forja el cine de la Nouvelle Vague, por no hablar de la chançon francesa y de Edith Piaf. Su canción La Vie en Rose me encanta.
Suerte con tu blog!
Ester, mujer, estás cargada de historias fabulosas. Alguna vez te pediré prestada alguna para mi literatura; aunque tus historias y el cómo las narras son ya literarias.
HOla Ester, qué historia tan bonita!! Es el sueño de cualquiera marcharse y empezar de nuevo, y más en París...
Saludos
Bonita história de vida. Com coragem e ganas de viver.
Beijos
Uy...uy...uy...acá hay tela, diría mi abuela!!!!
Qué lindo encontrarte Ester...tulia. Las tertulias que nos vamos a hacer!!!!
Llegué hoy de Tandil, mi ciudad, y viendo el blog me reenganché con vos, pensando en escribir mañana domingo (se casa Peringo)...y acá me tenés, cautivada.
Conozco Río Negro....amores y trabajo. También entre pastores, pero de ovejitas bípedas :9
Te venís mañana? Un enorme placer encontrarte!
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